jueves, 13 de marzo de 2008
Bob Dylan regresa: aún no ha oscurecido (pero no va a tardar), Estanislao Jiménez
www.litoral.com, 15 de febrero de 2008
El autor más influyente de la historia del rock tocará durante marzo en la Argentina, en el marco de su Gira Interminable. En pleno apogeo tras el suceso de sus últimos discos, y a sus 66 años, ésta será su tercera visita al país. El 18, en Rosario.
La perspectiva de escribir sobre Bob Dylan es, para alguien con cierta conciencia, atemorizante. ¿Qué escribir? ¿cómo? ¿para qué? El lector no desconoce que antecede a esta nota una inasible cantidad de reseñas y crónicas de prensa, libros, películas, páginas webs, comentarios críticos y ensayos hablando de o sobre la obra de; y que éstas se originan (y multiplican en cantidades industriales) en la poderosa y lejana irrupción en la escena neoyorquina de un flaquísimo cuasi adolescente de veinte años, a inicios de los ï60. Aquella ciudad, entonces, comenzaba a abrirse a lo que el poeta Allen Ginsberg llamó "una revolución sin sangre", aludiendo a los fortísimos movimientos culturales de la década que cambiarían para siempre la fisonomía del mundo occidental.
46 AÑOS DESPUÉS
La excusa que lo ha hecho profuso en los medios nacionales y que nos arroja a escribir es, esta vez, a 46 años de su debut discográfico (1962), su próxima visita a la Argentina. Buenos Aires, Córdoba, Rosario (ver recuadro), en ese orden, traerán en marzo al mito viviente más importante del rock, a sus 66 años, y "renacido" merced a la excelente acogida y ventas de sus últimos tres discos: "Time out of mind" (1997), "Love and Theft" (2001) y "Modern Times" (2006).
Pero a medida que transcurre su vida, que su obra transcurre, más y más se transforma Robert Allen Zimermann (24 de mayo de 1941, Minnesota, EE.UU.), en un mito contemporáneo, arropado con el aura del hombre de arte cuya sola alusión enmudece y cuya obra inhibe por un mecanismo de admiración que se dispara inmediatamente. El mismo mecanismo que lo hace desde hace diez años candidato al Nobel de Literatura o el que le sirve, recientemente, el Premio Príncipe de Asturias.
Y lentamente, merced a su condición de tal, se cimenta una única y universal opinión sobre este judío de ojos clarísimos, gesto severo, eterna melena enraizada, voz nasal, dicción arrastrada e imperfecta: que se trata de un genio de la lengua inglesa y la cultura popular del siglo XX que eligió para sí el formato de canción como ¿género? concentrador de su arte.
El mismo Dylan lo dice, palabras más, palabras menos, en el documental "No Direction Home" (2005), de cuatro horas de duración, que dirigió Martin Scorsese: "... Luego de escribir `Like a Rolling Stone' (1965) ya no tuve ganas ni de hacer una obra de teatro ni literatura, sólo quise escribir canciones" (aunque pocos años después publicaría la novela "Tarántula" (ver aparte).
INFLUENCIA DE LOS MÁS GRANDES
Dos o tres datos al correr del teclado hacen que, efectivamente, el ineludible objetivo de escribir sobre Dylan sea atemorizante. Primero: su obra, en especial sus primeros discos, que están considerados entre las más grandes influencias que recibieron, circa 1962/1965, los dos grupos de rock por antonomasia: The Rolling Stones y The Beatles. Segundo: a sus 25 años, Dylan era extraordinariamente famoso y se lo consideraba ya el representante intelectual y lírico de una generación, al introducir, de un particular e inimitable modo, un costado más literario, profundo y "comprometido" a la música popular y a la canción. Tercero: desde su segundo disco "The Freewheelin' Bob Dylan" (1963) -el primero, homónimo, tenía sólo dos temas suyos- se lo ungió como una suerte de conciencia de generación, merced a un puñado de títulos que, interpretados en sus propias versiones o en las de otros (The Byrds, Sonny & Cher), especialmente "Blowinï in the wind", devinieron en la compleja y dificultosa vinculación de prestigio y éxito de masas para un artista.
MITO ¿AL NOBEL?
Dylan se encuentra también, es justicia decirlo, en el estado de gracia del consagrado que -amén de aunar juicios a su favor por decididos estudiosos de su trabajo y fans- filtra, inhibe o congela las críticas. De todas maneras, los tópicos sobre su período menos feliz como autor giran en torno de los muchos años que pasó, especialmente en la década del ochenta, editando discos de menor valía respecto de sus antecesores; o los referentes al hecho de que siempre fue un cantante con más tics e identificable que talentoso (aunque a quién le importa); o a que su universo sonoro siempre estuvo acotado al sonido del folk y el blues, amén de intervenciones más rockeras o cercanas al gospel.
Pero, y aquí reside lo esencial, sí transfiguró la canción universal de la música popular con su escritura: más o menos políticas, más o menos introspectivas, sus letras densas, extensas para la media de la industria del disco, pobladas de giros, de referencias, mostraban ya a inicios de los sesenta a un joven extraordinariamente maduro como letrista, que se diferenciaba de manera abismal de los estribillos pegadizos y estúpidos de mucha de la cultura rock y pop de esos años (pensemos que grabó su primer disco a los 20 años; y que a los 30 tenía 13 álbumes editados).
Ésto fue lo que Dylan hizo: sin importar su voz, ni su modo de tocar la guitarra o la armónica, ni su aspecto desalineado y pálido como una tumba. Consiguió que lo importante fuese lo otro: su genio creativo, su capacidad de escribir canciones como quien respira. No la perfección técnica: la concepción de la obra y el costado narrativo más que el costado melódico.
Todo el rock posterior tomó ello como un axioma: el género está atosigado de músicos que cantan pésimamente, que no saben escribir música y que jamás leyeron poesía, pero tienen (algunos) ángel, talento o lo que fuere. Claro que no en la medida de Dylan. Claro que Dylan sí fue un lector voraz, especialmente de Rimbaud y Verlaine; claro que indagó y estudió a músicos muy diversos como Robert Johnson, Woody Guthrie y Pete Seeger; claro que tuvo la valentía de incluir sets eléctricos ganándose el mote de traidor por los recalcitrantes del folk. Ello y mucho más.
LA PALABRA ARRASTRADA
Puede observarse un proceso o una suerte de hallazgo dylaneano al escribir las letras, que se repite en muchos de sus títulos: sus composiciones se caracterizan por versos largos con un trabajo fuerte en las rimas que ha sido copiado (fatalmente a veces) hasta el hartazgo; el énfasis puesto en ellos da un Dylan que a veces está más cerca del recitado que del canto, modificando las velocidades y entonaciones de las palabras y transformando muchas de sus canciones casi en monólogos o puestas textuales y discursivas, donde la musicalización es casi una cortina detrás de las palabras (el ejemplo más acabado de esto es "Subterranean Homesick Blues").
Pero más allá de ello, se destaca su trabajo con un mecanismo que necesariamente hace desembocar o confluir sus textos (algunos más narrativos -es decir que cuentan historias-; otros más autorreferenciales) en una construcción que cierra una enumeración -como en "The Times They-are a changing", como en "Itïs all over now Baby Blue"; y que éste es, obviamente, el estribillo y el título de la canción: la frase melódica que identifica la pieza.
Esta suerte de mecanismo de composición es casi su sello distintivo y se repite numerosas veces en su obra, casi como un legado de los bluseros, que reiteraban los versos modificando la intensidad de la musicalización. Algo de ello, y muchísimo que se nos escapa, encierra el universo de Dylan.
Una opinión de Joaquín Sabina, gran admirador suyo, puede ejemplificar una postura sobre el arte de escribir música que acaso Dylan compartiría: "... Una buena canción es una mezcla de una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen arreglo y algo más que nadie sabe lo que es y que es lo único que importa" (1).
(*) fragmento de la letra de "Not Dark Yet" (**) en Wikipedia 1) Del libro "Sabina en Carne Viva" Pág. 106. Buenos Aires, 1998
46 AÑOS DESPUÉS
La excusa que lo ha hecho profuso en los medios nacionales y que nos arroja a escribir es, esta vez, a 46 años de su debut discográfico (1962), su próxima visita a la Argentina. Buenos Aires, Córdoba, Rosario (ver recuadro), en ese orden, traerán en marzo al mito viviente más importante del rock, a sus 66 años, y "renacido" merced a la excelente acogida y ventas de sus últimos tres discos: "Time out of mind" (1997), "Love and Theft" (2001) y "Modern Times" (2006).
Pero a medida que transcurre su vida, que su obra transcurre, más y más se transforma Robert Allen Zimermann (24 de mayo de 1941, Minnesota, EE.UU.), en un mito contemporáneo, arropado con el aura del hombre de arte cuya sola alusión enmudece y cuya obra inhibe por un mecanismo de admiración que se dispara inmediatamente. El mismo mecanismo que lo hace desde hace diez años candidato al Nobel de Literatura o el que le sirve, recientemente, el Premio Príncipe de Asturias.
Y lentamente, merced a su condición de tal, se cimenta una única y universal opinión sobre este judío de ojos clarísimos, gesto severo, eterna melena enraizada, voz nasal, dicción arrastrada e imperfecta: que se trata de un genio de la lengua inglesa y la cultura popular del siglo XX que eligió para sí el formato de canción como ¿género? concentrador de su arte.
El mismo Dylan lo dice, palabras más, palabras menos, en el documental "No Direction Home" (2005), de cuatro horas de duración, que dirigió Martin Scorsese: "... Luego de escribir `Like a Rolling Stone' (1965) ya no tuve ganas ni de hacer una obra de teatro ni literatura, sólo quise escribir canciones" (aunque pocos años después publicaría la novela "Tarántula" (ver aparte).
INFLUENCIA DE LOS MÁS GRANDES
Dos o tres datos al correr del teclado hacen que, efectivamente, el ineludible objetivo de escribir sobre Dylan sea atemorizante. Primero: su obra, en especial sus primeros discos, que están considerados entre las más grandes influencias que recibieron, circa 1962/1965, los dos grupos de rock por antonomasia: The Rolling Stones y The Beatles. Segundo: a sus 25 años, Dylan era extraordinariamente famoso y se lo consideraba ya el representante intelectual y lírico de una generación, al introducir, de un particular e inimitable modo, un costado más literario, profundo y "comprometido" a la música popular y a la canción. Tercero: desde su segundo disco "The Freewheelin' Bob Dylan" (1963) -el primero, homónimo, tenía sólo dos temas suyos- se lo ungió como una suerte de conciencia de generación, merced a un puñado de títulos que, interpretados en sus propias versiones o en las de otros (The Byrds, Sonny & Cher), especialmente "Blowinï in the wind", devinieron en la compleja y dificultosa vinculación de prestigio y éxito de masas para un artista.
MITO ¿AL NOBEL?
Dylan se encuentra también, es justicia decirlo, en el estado de gracia del consagrado que -amén de aunar juicios a su favor por decididos estudiosos de su trabajo y fans- filtra, inhibe o congela las críticas. De todas maneras, los tópicos sobre su período menos feliz como autor giran en torno de los muchos años que pasó, especialmente en la década del ochenta, editando discos de menor valía respecto de sus antecesores; o los referentes al hecho de que siempre fue un cantante con más tics e identificable que talentoso (aunque a quién le importa); o a que su universo sonoro siempre estuvo acotado al sonido del folk y el blues, amén de intervenciones más rockeras o cercanas al gospel.
Pero, y aquí reside lo esencial, sí transfiguró la canción universal de la música popular con su escritura: más o menos políticas, más o menos introspectivas, sus letras densas, extensas para la media de la industria del disco, pobladas de giros, de referencias, mostraban ya a inicios de los sesenta a un joven extraordinariamente maduro como letrista, que se diferenciaba de manera abismal de los estribillos pegadizos y estúpidos de mucha de la cultura rock y pop de esos años (pensemos que grabó su primer disco a los 20 años; y que a los 30 tenía 13 álbumes editados).
Ésto fue lo que Dylan hizo: sin importar su voz, ni su modo de tocar la guitarra o la armónica, ni su aspecto desalineado y pálido como una tumba. Consiguió que lo importante fuese lo otro: su genio creativo, su capacidad de escribir canciones como quien respira. No la perfección técnica: la concepción de la obra y el costado narrativo más que el costado melódico.
Todo el rock posterior tomó ello como un axioma: el género está atosigado de músicos que cantan pésimamente, que no saben escribir música y que jamás leyeron poesía, pero tienen (algunos) ángel, talento o lo que fuere. Claro que no en la medida de Dylan. Claro que Dylan sí fue un lector voraz, especialmente de Rimbaud y Verlaine; claro que indagó y estudió a músicos muy diversos como Robert Johnson, Woody Guthrie y Pete Seeger; claro que tuvo la valentía de incluir sets eléctricos ganándose el mote de traidor por los recalcitrantes del folk. Ello y mucho más.
LA PALABRA ARRASTRADA
Puede observarse un proceso o una suerte de hallazgo dylaneano al escribir las letras, que se repite en muchos de sus títulos: sus composiciones se caracterizan por versos largos con un trabajo fuerte en las rimas que ha sido copiado (fatalmente a veces) hasta el hartazgo; el énfasis puesto en ellos da un Dylan que a veces está más cerca del recitado que del canto, modificando las velocidades y entonaciones de las palabras y transformando muchas de sus canciones casi en monólogos o puestas textuales y discursivas, donde la musicalización es casi una cortina detrás de las palabras (el ejemplo más acabado de esto es "Subterranean Homesick Blues").
Pero más allá de ello, se destaca su trabajo con un mecanismo que necesariamente hace desembocar o confluir sus textos (algunos más narrativos -es decir que cuentan historias-; otros más autorreferenciales) en una construcción que cierra una enumeración -como en "The Times They-are a changing", como en "Itïs all over now Baby Blue"; y que éste es, obviamente, el estribillo y el título de la canción: la frase melódica que identifica la pieza.
Esta suerte de mecanismo de composición es casi su sello distintivo y se repite numerosas veces en su obra, casi como un legado de los bluseros, que reiteraban los versos modificando la intensidad de la musicalización. Algo de ello, y muchísimo que se nos escapa, encierra el universo de Dylan.
Una opinión de Joaquín Sabina, gran admirador suyo, puede ejemplificar una postura sobre el arte de escribir música que acaso Dylan compartiría: "... Una buena canción es una mezcla de una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen arreglo y algo más que nadie sabe lo que es y que es lo único que importa" (1).
(*) fragmento de la letra de "Not Dark Yet" (**) en Wikipedia 1) Del libro "Sabina en Carne Viva" Pág. 106. Buenos Aires, 1998
Los Rolling Stones, la banda de rock más grande del mundo (ok: no lo digamos así, ¿la más longeva?), llegó a Buenos Aires en 1998 en medio de un fervor inusitado y dispuesta a batir todos los récords de asistencia (al menos, hasta la arremetida de Soda Stéreo de diciembre de 2007). Jagger & Richards lo hicieron: llenaron a reventar en cinco fechas el estadio de River, acaso para que los fanáticos de turno tuviesen los argumentos de que éste es, efectivamente, un país stone. Pero eso no fue todo: su soporte fue nada menos que Bob Dylan, en un hecho extrañísimo que, claro, debía suceder en la Argentina. En esos shows, después de Las Pelotas y Viejas Locas, Dylan hizo un set de unos 45 minutos y, al promediar el show de los Stones, se sumó para tocar "Like a Rolling Stone", en una versión renovada, más parecida a la de los Stones que a la del propio Dylan, en un escenario montado en el centro del campo. Fue, sin hipérboles, historia viva.
Versos escogidos
I"La línea está trazada y marcado el destino/los lentos ahora, serán rápidos más tarde/como lo ahora presente más tarde será pasado/el orden se desvanece rápidamente/y el ahora primero más tarde será el último/porque los tiempos están cambiando"De "The Times They-Are a changin"' (1964).
II"Aunque sé que el imperio de la tarde/se ha vuelto arena esfumada en mi mano/me ha dejado a ciegas aquí de pie/pero no puedo dormir" (...)"Estoy listo para ir a cualquier lugar/estoy listo para desaparecer/en mi propio desfile,/lánzame a mi paso tu hechizo danzante/prometo que me someteré" (...)"Hazme luego desaparecer tras los anillos de humo de mi mente/bajo las brumosas ruinas del tiempo/más allá de las hojas heladas/de los encantados árboles asustados/fuera de la playa/lejos del funesto alcance/de la loca tristeza. Sí, a bailar"De "Mr. Tambourine Man" ("Señor de la pandereta") (1965).
IV"¿Qué se siente/qué se siente,al estar contigo misma/al estar sin un hogar/como una completa desconocida/como un canto rodante?.De "Like a Rolling Stone" (1965).
V"Ni siquiera hay habitación suficiente/como para estar en ningún lado/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar".Ni siquiera recuerdo/de qué vine huyendo,/Ni siquiera oigo el murmullo de una oración/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.De "Not Dark Yet" ("Aún no ha oscurecido") (1997).
I"La línea está trazada y marcado el destino/los lentos ahora, serán rápidos más tarde/como lo ahora presente más tarde será pasado/el orden se desvanece rápidamente/y el ahora primero más tarde será el último/porque los tiempos están cambiando"De "The Times They-Are a changin"' (1964).
II"Aunque sé que el imperio de la tarde/se ha vuelto arena esfumada en mi mano/me ha dejado a ciegas aquí de pie/pero no puedo dormir" (...)"Estoy listo para ir a cualquier lugar/estoy listo para desaparecer/en mi propio desfile,/lánzame a mi paso tu hechizo danzante/prometo que me someteré" (...)"Hazme luego desaparecer tras los anillos de humo de mi mente/bajo las brumosas ruinas del tiempo/más allá de las hojas heladas/de los encantados árboles asustados/fuera de la playa/lejos del funesto alcance/de la loca tristeza. Sí, a bailar"De "Mr. Tambourine Man" ("Señor de la pandereta") (1965).
IV"¿Qué se siente/qué se siente,al estar contigo misma/al estar sin un hogar/como una completa desconocida/como un canto rodante?.De "Like a Rolling Stone" (1965).
V"Ni siquiera hay habitación suficiente/como para estar en ningún lado/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar".Ni siquiera recuerdo/de qué vine huyendo,/Ni siquiera oigo el murmullo de una oración/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.De "Not Dark Yet" ("Aún no ha oscurecido") (1997).
Dylan en pocas líneas
-"Like a Rolling Stone" (1965) figura en la primera posición de la lista de las mejores canciones de todos los tiempos confeccionada por la revista Rolling Stone.
-Tras un accidente de moto en 1966, Dylan estuvo ocho años sin salir de gira.
-A mediados de los sesenta, la poderosa discográfica CBS ofreció a Dylan el mayor contrato multimillonario en la historia de la música hasta esos días.
-A fines de los setenta, Dylan, judío de nacimiento, se transformó al cristianismo.
-Entre 1962 y 2006 publicó 32 discos de estudio.
-A fines de los ochenta, formó The Travelling Wilbuyrs, un súper grupo que sumaba a George Harrison, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison, con los cuales obtuvo un resonante éxito.
-Fue nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.
-Pocos años atrás, tuvo un severo problema de salud: pericarditis.
-Ganó siete premios Grammy y fue galardonado en 2001 con el Oscar a la mejor canción original por su tema "Things Have Changed" incluida en la película "The Wonder Boys".
-Fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Comandante de las Artes y las Letras de Francia y el Polar Music Prize de la Real Academia de Música de Suecia.
-En cine, participó de diversas producciones como músico, actor e intérprete.
-Escribió "Tarántula", una novela experimental, en 1971. Dos compendios de letras, el primero de 1985 y el segundo de 2004 ("Lyrics"), reúnen su trabajo poético. En 2004 publicó "Crónicas 1", el primer tomo de sus memorias.
-Dos recientes y aclamados films lo tienen como protagonista: "No Direction Home", documental de Scorsese, de 2005; y "Iïm not there", dirigida por Todd Haynes, de 2007.
-"Modern Times" (2006) rankeó primero en las listas de los EE. UU., algo que Dylan no conseguía en su país desde "Desire", de 1976.
-"Like a Rolling Stone" (1965) figura en la primera posición de la lista de las mejores canciones de todos los tiempos confeccionada por la revista Rolling Stone.
-Tras un accidente de moto en 1966, Dylan estuvo ocho años sin salir de gira.
-A mediados de los sesenta, la poderosa discográfica CBS ofreció a Dylan el mayor contrato multimillonario en la historia de la música hasta esos días.
-A fines de los setenta, Dylan, judío de nacimiento, se transformó al cristianismo.
-Entre 1962 y 2006 publicó 32 discos de estudio.
-A fines de los ochenta, formó The Travelling Wilbuyrs, un súper grupo que sumaba a George Harrison, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison, con los cuales obtuvo un resonante éxito.
-Fue nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.
-Pocos años atrás, tuvo un severo problema de salud: pericarditis.
-Ganó siete premios Grammy y fue galardonado en 2001 con el Oscar a la mejor canción original por su tema "Things Have Changed" incluida en la película "The Wonder Boys".
-Fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Comandante de las Artes y las Letras de Francia y el Polar Music Prize de la Real Academia de Música de Suecia.
-En cine, participó de diversas producciones como músico, actor e intérprete.
-Escribió "Tarántula", una novela experimental, en 1971. Dos compendios de letras, el primero de 1985 y el segundo de 2004 ("Lyrics"), reúnen su trabajo poético. En 2004 publicó "Crónicas 1", el primer tomo de sus memorias.
-Dos recientes y aclamados films lo tienen como protagonista: "No Direction Home", documental de Scorsese, de 2005; y "Iïm not there", dirigida por Todd Haynes, de 2007.
-"Modern Times" (2006) rankeó primero en las listas de los EE. UU., algo que Dylan no conseguía en su país desde "Desire", de 1976.
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