jueves, 13 de marzo de 2008
Bob Dylan regresa: aún no ha oscurecido (pero no va a tardar), Estanislao Jiménez
www.litoral.com, 15 de febrero de 2008
El autor más influyente de la historia del rock tocará durante marzo en la Argentina, en el marco de su Gira Interminable. En pleno apogeo tras el suceso de sus últimos discos, y a sus 66 años, ésta será su tercera visita al país. El 18, en Rosario.
La perspectiva de escribir sobre Bob Dylan es, para alguien con cierta conciencia, atemorizante. ¿Qué escribir? ¿cómo? ¿para qué? El lector no desconoce que antecede a esta nota una inasible cantidad de reseñas y crónicas de prensa, libros, películas, páginas webs, comentarios críticos y ensayos hablando de o sobre la obra de; y que éstas se originan (y multiplican en cantidades industriales) en la poderosa y lejana irrupción en la escena neoyorquina de un flaquísimo cuasi adolescente de veinte años, a inicios de los ï60. Aquella ciudad, entonces, comenzaba a abrirse a lo que el poeta Allen Ginsberg llamó "una revolución sin sangre", aludiendo a los fortísimos movimientos culturales de la década que cambiarían para siempre la fisonomía del mundo occidental.
46 AÑOS DESPUÉS
La excusa que lo ha hecho profuso en los medios nacionales y que nos arroja a escribir es, esta vez, a 46 años de su debut discográfico (1962), su próxima visita a la Argentina. Buenos Aires, Córdoba, Rosario (ver recuadro), en ese orden, traerán en marzo al mito viviente más importante del rock, a sus 66 años, y "renacido" merced a la excelente acogida y ventas de sus últimos tres discos: "Time out of mind" (1997), "Love and Theft" (2001) y "Modern Times" (2006).
Pero a medida que transcurre su vida, que su obra transcurre, más y más se transforma Robert Allen Zimermann (24 de mayo de 1941, Minnesota, EE.UU.), en un mito contemporáneo, arropado con el aura del hombre de arte cuya sola alusión enmudece y cuya obra inhibe por un mecanismo de admiración que se dispara inmediatamente. El mismo mecanismo que lo hace desde hace diez años candidato al Nobel de Literatura o el que le sirve, recientemente, el Premio Príncipe de Asturias.
Y lentamente, merced a su condición de tal, se cimenta una única y universal opinión sobre este judío de ojos clarísimos, gesto severo, eterna melena enraizada, voz nasal, dicción arrastrada e imperfecta: que se trata de un genio de la lengua inglesa y la cultura popular del siglo XX que eligió para sí el formato de canción como ¿género? concentrador de su arte.
El mismo Dylan lo dice, palabras más, palabras menos, en el documental "No Direction Home" (2005), de cuatro horas de duración, que dirigió Martin Scorsese: "... Luego de escribir `Like a Rolling Stone' (1965) ya no tuve ganas ni de hacer una obra de teatro ni literatura, sólo quise escribir canciones" (aunque pocos años después publicaría la novela "Tarántula" (ver aparte).
INFLUENCIA DE LOS MÁS GRANDES
Dos o tres datos al correr del teclado hacen que, efectivamente, el ineludible objetivo de escribir sobre Dylan sea atemorizante. Primero: su obra, en especial sus primeros discos, que están considerados entre las más grandes influencias que recibieron, circa 1962/1965, los dos grupos de rock por antonomasia: The Rolling Stones y The Beatles. Segundo: a sus 25 años, Dylan era extraordinariamente famoso y se lo consideraba ya el representante intelectual y lírico de una generación, al introducir, de un particular e inimitable modo, un costado más literario, profundo y "comprometido" a la música popular y a la canción. Tercero: desde su segundo disco "The Freewheelin' Bob Dylan" (1963) -el primero, homónimo, tenía sólo dos temas suyos- se lo ungió como una suerte de conciencia de generación, merced a un puñado de títulos que, interpretados en sus propias versiones o en las de otros (The Byrds, Sonny & Cher), especialmente "Blowinï in the wind", devinieron en la compleja y dificultosa vinculación de prestigio y éxito de masas para un artista.
MITO ¿AL NOBEL?
Dylan se encuentra también, es justicia decirlo, en el estado de gracia del consagrado que -amén de aunar juicios a su favor por decididos estudiosos de su trabajo y fans- filtra, inhibe o congela las críticas. De todas maneras, los tópicos sobre su período menos feliz como autor giran en torno de los muchos años que pasó, especialmente en la década del ochenta, editando discos de menor valía respecto de sus antecesores; o los referentes al hecho de que siempre fue un cantante con más tics e identificable que talentoso (aunque a quién le importa); o a que su universo sonoro siempre estuvo acotado al sonido del folk y el blues, amén de intervenciones más rockeras o cercanas al gospel.
Pero, y aquí reside lo esencial, sí transfiguró la canción universal de la música popular con su escritura: más o menos políticas, más o menos introspectivas, sus letras densas, extensas para la media de la industria del disco, pobladas de giros, de referencias, mostraban ya a inicios de los sesenta a un joven extraordinariamente maduro como letrista, que se diferenciaba de manera abismal de los estribillos pegadizos y estúpidos de mucha de la cultura rock y pop de esos años (pensemos que grabó su primer disco a los 20 años; y que a los 30 tenía 13 álbumes editados).
Ésto fue lo que Dylan hizo: sin importar su voz, ni su modo de tocar la guitarra o la armónica, ni su aspecto desalineado y pálido como una tumba. Consiguió que lo importante fuese lo otro: su genio creativo, su capacidad de escribir canciones como quien respira. No la perfección técnica: la concepción de la obra y el costado narrativo más que el costado melódico.
Todo el rock posterior tomó ello como un axioma: el género está atosigado de músicos que cantan pésimamente, que no saben escribir música y que jamás leyeron poesía, pero tienen (algunos) ángel, talento o lo que fuere. Claro que no en la medida de Dylan. Claro que Dylan sí fue un lector voraz, especialmente de Rimbaud y Verlaine; claro que indagó y estudió a músicos muy diversos como Robert Johnson, Woody Guthrie y Pete Seeger; claro que tuvo la valentía de incluir sets eléctricos ganándose el mote de traidor por los recalcitrantes del folk. Ello y mucho más.
LA PALABRA ARRASTRADA
Puede observarse un proceso o una suerte de hallazgo dylaneano al escribir las letras, que se repite en muchos de sus títulos: sus composiciones se caracterizan por versos largos con un trabajo fuerte en las rimas que ha sido copiado (fatalmente a veces) hasta el hartazgo; el énfasis puesto en ellos da un Dylan que a veces está más cerca del recitado que del canto, modificando las velocidades y entonaciones de las palabras y transformando muchas de sus canciones casi en monólogos o puestas textuales y discursivas, donde la musicalización es casi una cortina detrás de las palabras (el ejemplo más acabado de esto es "Subterranean Homesick Blues").
Pero más allá de ello, se destaca su trabajo con un mecanismo que necesariamente hace desembocar o confluir sus textos (algunos más narrativos -es decir que cuentan historias-; otros más autorreferenciales) en una construcción que cierra una enumeración -como en "The Times They-are a changing", como en "Itïs all over now Baby Blue"; y que éste es, obviamente, el estribillo y el título de la canción: la frase melódica que identifica la pieza.
Esta suerte de mecanismo de composición es casi su sello distintivo y se repite numerosas veces en su obra, casi como un legado de los bluseros, que reiteraban los versos modificando la intensidad de la musicalización. Algo de ello, y muchísimo que se nos escapa, encierra el universo de Dylan.
Una opinión de Joaquín Sabina, gran admirador suyo, puede ejemplificar una postura sobre el arte de escribir música que acaso Dylan compartiría: "... Una buena canción es una mezcla de una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen arreglo y algo más que nadie sabe lo que es y que es lo único que importa" (1).
(*) fragmento de la letra de "Not Dark Yet" (**) en Wikipedia 1) Del libro "Sabina en Carne Viva" Pág. 106. Buenos Aires, 1998
46 AÑOS DESPUÉS
La excusa que lo ha hecho profuso en los medios nacionales y que nos arroja a escribir es, esta vez, a 46 años de su debut discográfico (1962), su próxima visita a la Argentina. Buenos Aires, Córdoba, Rosario (ver recuadro), en ese orden, traerán en marzo al mito viviente más importante del rock, a sus 66 años, y "renacido" merced a la excelente acogida y ventas de sus últimos tres discos: "Time out of mind" (1997), "Love and Theft" (2001) y "Modern Times" (2006).
Pero a medida que transcurre su vida, que su obra transcurre, más y más se transforma Robert Allen Zimermann (24 de mayo de 1941, Minnesota, EE.UU.), en un mito contemporáneo, arropado con el aura del hombre de arte cuya sola alusión enmudece y cuya obra inhibe por un mecanismo de admiración que se dispara inmediatamente. El mismo mecanismo que lo hace desde hace diez años candidato al Nobel de Literatura o el que le sirve, recientemente, el Premio Príncipe de Asturias.
Y lentamente, merced a su condición de tal, se cimenta una única y universal opinión sobre este judío de ojos clarísimos, gesto severo, eterna melena enraizada, voz nasal, dicción arrastrada e imperfecta: que se trata de un genio de la lengua inglesa y la cultura popular del siglo XX que eligió para sí el formato de canción como ¿género? concentrador de su arte.
El mismo Dylan lo dice, palabras más, palabras menos, en el documental "No Direction Home" (2005), de cuatro horas de duración, que dirigió Martin Scorsese: "... Luego de escribir `Like a Rolling Stone' (1965) ya no tuve ganas ni de hacer una obra de teatro ni literatura, sólo quise escribir canciones" (aunque pocos años después publicaría la novela "Tarántula" (ver aparte).
INFLUENCIA DE LOS MÁS GRANDES
Dos o tres datos al correr del teclado hacen que, efectivamente, el ineludible objetivo de escribir sobre Dylan sea atemorizante. Primero: su obra, en especial sus primeros discos, que están considerados entre las más grandes influencias que recibieron, circa 1962/1965, los dos grupos de rock por antonomasia: The Rolling Stones y The Beatles. Segundo: a sus 25 años, Dylan era extraordinariamente famoso y se lo consideraba ya el representante intelectual y lírico de una generación, al introducir, de un particular e inimitable modo, un costado más literario, profundo y "comprometido" a la música popular y a la canción. Tercero: desde su segundo disco "The Freewheelin' Bob Dylan" (1963) -el primero, homónimo, tenía sólo dos temas suyos- se lo ungió como una suerte de conciencia de generación, merced a un puñado de títulos que, interpretados en sus propias versiones o en las de otros (The Byrds, Sonny & Cher), especialmente "Blowinï in the wind", devinieron en la compleja y dificultosa vinculación de prestigio y éxito de masas para un artista.
MITO ¿AL NOBEL?
Dylan se encuentra también, es justicia decirlo, en el estado de gracia del consagrado que -amén de aunar juicios a su favor por decididos estudiosos de su trabajo y fans- filtra, inhibe o congela las críticas. De todas maneras, los tópicos sobre su período menos feliz como autor giran en torno de los muchos años que pasó, especialmente en la década del ochenta, editando discos de menor valía respecto de sus antecesores; o los referentes al hecho de que siempre fue un cantante con más tics e identificable que talentoso (aunque a quién le importa); o a que su universo sonoro siempre estuvo acotado al sonido del folk y el blues, amén de intervenciones más rockeras o cercanas al gospel.
Pero, y aquí reside lo esencial, sí transfiguró la canción universal de la música popular con su escritura: más o menos políticas, más o menos introspectivas, sus letras densas, extensas para la media de la industria del disco, pobladas de giros, de referencias, mostraban ya a inicios de los sesenta a un joven extraordinariamente maduro como letrista, que se diferenciaba de manera abismal de los estribillos pegadizos y estúpidos de mucha de la cultura rock y pop de esos años (pensemos que grabó su primer disco a los 20 años; y que a los 30 tenía 13 álbumes editados).
Ésto fue lo que Dylan hizo: sin importar su voz, ni su modo de tocar la guitarra o la armónica, ni su aspecto desalineado y pálido como una tumba. Consiguió que lo importante fuese lo otro: su genio creativo, su capacidad de escribir canciones como quien respira. No la perfección técnica: la concepción de la obra y el costado narrativo más que el costado melódico.
Todo el rock posterior tomó ello como un axioma: el género está atosigado de músicos que cantan pésimamente, que no saben escribir música y que jamás leyeron poesía, pero tienen (algunos) ángel, talento o lo que fuere. Claro que no en la medida de Dylan. Claro que Dylan sí fue un lector voraz, especialmente de Rimbaud y Verlaine; claro que indagó y estudió a músicos muy diversos como Robert Johnson, Woody Guthrie y Pete Seeger; claro que tuvo la valentía de incluir sets eléctricos ganándose el mote de traidor por los recalcitrantes del folk. Ello y mucho más.
LA PALABRA ARRASTRADA
Puede observarse un proceso o una suerte de hallazgo dylaneano al escribir las letras, que se repite en muchos de sus títulos: sus composiciones se caracterizan por versos largos con un trabajo fuerte en las rimas que ha sido copiado (fatalmente a veces) hasta el hartazgo; el énfasis puesto en ellos da un Dylan que a veces está más cerca del recitado que del canto, modificando las velocidades y entonaciones de las palabras y transformando muchas de sus canciones casi en monólogos o puestas textuales y discursivas, donde la musicalización es casi una cortina detrás de las palabras (el ejemplo más acabado de esto es "Subterranean Homesick Blues").
Pero más allá de ello, se destaca su trabajo con un mecanismo que necesariamente hace desembocar o confluir sus textos (algunos más narrativos -es decir que cuentan historias-; otros más autorreferenciales) en una construcción que cierra una enumeración -como en "The Times They-are a changing", como en "Itïs all over now Baby Blue"; y que éste es, obviamente, el estribillo y el título de la canción: la frase melódica que identifica la pieza.
Esta suerte de mecanismo de composición es casi su sello distintivo y se repite numerosas veces en su obra, casi como un legado de los bluseros, que reiteraban los versos modificando la intensidad de la musicalización. Algo de ello, y muchísimo que se nos escapa, encierra el universo de Dylan.
Una opinión de Joaquín Sabina, gran admirador suyo, puede ejemplificar una postura sobre el arte de escribir música que acaso Dylan compartiría: "... Una buena canción es una mezcla de una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen arreglo y algo más que nadie sabe lo que es y que es lo único que importa" (1).
(*) fragmento de la letra de "Not Dark Yet" (**) en Wikipedia 1) Del libro "Sabina en Carne Viva" Pág. 106. Buenos Aires, 1998
Los Rolling Stones, la banda de rock más grande del mundo (ok: no lo digamos así, ¿la más longeva?), llegó a Buenos Aires en 1998 en medio de un fervor inusitado y dispuesta a batir todos los récords de asistencia (al menos, hasta la arremetida de Soda Stéreo de diciembre de 2007). Jagger & Richards lo hicieron: llenaron a reventar en cinco fechas el estadio de River, acaso para que los fanáticos de turno tuviesen los argumentos de que éste es, efectivamente, un país stone. Pero eso no fue todo: su soporte fue nada menos que Bob Dylan, en un hecho extrañísimo que, claro, debía suceder en la Argentina. En esos shows, después de Las Pelotas y Viejas Locas, Dylan hizo un set de unos 45 minutos y, al promediar el show de los Stones, se sumó para tocar "Like a Rolling Stone", en una versión renovada, más parecida a la de los Stones que a la del propio Dylan, en un escenario montado en el centro del campo. Fue, sin hipérboles, historia viva.
Versos escogidos
I"La línea está trazada y marcado el destino/los lentos ahora, serán rápidos más tarde/como lo ahora presente más tarde será pasado/el orden se desvanece rápidamente/y el ahora primero más tarde será el último/porque los tiempos están cambiando"De "The Times They-Are a changin"' (1964).
II"Aunque sé que el imperio de la tarde/se ha vuelto arena esfumada en mi mano/me ha dejado a ciegas aquí de pie/pero no puedo dormir" (...)"Estoy listo para ir a cualquier lugar/estoy listo para desaparecer/en mi propio desfile,/lánzame a mi paso tu hechizo danzante/prometo que me someteré" (...)"Hazme luego desaparecer tras los anillos de humo de mi mente/bajo las brumosas ruinas del tiempo/más allá de las hojas heladas/de los encantados árboles asustados/fuera de la playa/lejos del funesto alcance/de la loca tristeza. Sí, a bailar"De "Mr. Tambourine Man" ("Señor de la pandereta") (1965).
IV"¿Qué se siente/qué se siente,al estar contigo misma/al estar sin un hogar/como una completa desconocida/como un canto rodante?.De "Like a Rolling Stone" (1965).
V"Ni siquiera hay habitación suficiente/como para estar en ningún lado/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar".Ni siquiera recuerdo/de qué vine huyendo,/Ni siquiera oigo el murmullo de una oración/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.De "Not Dark Yet" ("Aún no ha oscurecido") (1997).
I"La línea está trazada y marcado el destino/los lentos ahora, serán rápidos más tarde/como lo ahora presente más tarde será pasado/el orden se desvanece rápidamente/y el ahora primero más tarde será el último/porque los tiempos están cambiando"De "The Times They-Are a changin"' (1964).
II"Aunque sé que el imperio de la tarde/se ha vuelto arena esfumada en mi mano/me ha dejado a ciegas aquí de pie/pero no puedo dormir" (...)"Estoy listo para ir a cualquier lugar/estoy listo para desaparecer/en mi propio desfile,/lánzame a mi paso tu hechizo danzante/prometo que me someteré" (...)"Hazme luego desaparecer tras los anillos de humo de mi mente/bajo las brumosas ruinas del tiempo/más allá de las hojas heladas/de los encantados árboles asustados/fuera de la playa/lejos del funesto alcance/de la loca tristeza. Sí, a bailar"De "Mr. Tambourine Man" ("Señor de la pandereta") (1965).
IV"¿Qué se siente/qué se siente,al estar contigo misma/al estar sin un hogar/como una completa desconocida/como un canto rodante?.De "Like a Rolling Stone" (1965).
V"Ni siquiera hay habitación suficiente/como para estar en ningún lado/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar".Ni siquiera recuerdo/de qué vine huyendo,/Ni siquiera oigo el murmullo de una oración/Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.De "Not Dark Yet" ("Aún no ha oscurecido") (1997).
Dylan en pocas líneas
-"Like a Rolling Stone" (1965) figura en la primera posición de la lista de las mejores canciones de todos los tiempos confeccionada por la revista Rolling Stone.
-Tras un accidente de moto en 1966, Dylan estuvo ocho años sin salir de gira.
-A mediados de los sesenta, la poderosa discográfica CBS ofreció a Dylan el mayor contrato multimillonario en la historia de la música hasta esos días.
-A fines de los setenta, Dylan, judío de nacimiento, se transformó al cristianismo.
-Entre 1962 y 2006 publicó 32 discos de estudio.
-A fines de los ochenta, formó The Travelling Wilbuyrs, un súper grupo que sumaba a George Harrison, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison, con los cuales obtuvo un resonante éxito.
-Fue nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.
-Pocos años atrás, tuvo un severo problema de salud: pericarditis.
-Ganó siete premios Grammy y fue galardonado en 2001 con el Oscar a la mejor canción original por su tema "Things Have Changed" incluida en la película "The Wonder Boys".
-Fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Comandante de las Artes y las Letras de Francia y el Polar Music Prize de la Real Academia de Música de Suecia.
-En cine, participó de diversas producciones como músico, actor e intérprete.
-Escribió "Tarántula", una novela experimental, en 1971. Dos compendios de letras, el primero de 1985 y el segundo de 2004 ("Lyrics"), reúnen su trabajo poético. En 2004 publicó "Crónicas 1", el primer tomo de sus memorias.
-Dos recientes y aclamados films lo tienen como protagonista: "No Direction Home", documental de Scorsese, de 2005; y "Iïm not there", dirigida por Todd Haynes, de 2007.
-"Modern Times" (2006) rankeó primero en las listas de los EE. UU., algo que Dylan no conseguía en su país desde "Desire", de 1976.
-"Like a Rolling Stone" (1965) figura en la primera posición de la lista de las mejores canciones de todos los tiempos confeccionada por la revista Rolling Stone.
-Tras un accidente de moto en 1966, Dylan estuvo ocho años sin salir de gira.
-A mediados de los sesenta, la poderosa discográfica CBS ofreció a Dylan el mayor contrato multimillonario en la historia de la música hasta esos días.
-A fines de los setenta, Dylan, judío de nacimiento, se transformó al cristianismo.
-Entre 1962 y 2006 publicó 32 discos de estudio.
-A fines de los ochenta, formó The Travelling Wilbuyrs, un súper grupo que sumaba a George Harrison, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison, con los cuales obtuvo un resonante éxito.
-Fue nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.
-Pocos años atrás, tuvo un severo problema de salud: pericarditis.
-Ganó siete premios Grammy y fue galardonado en 2001 con el Oscar a la mejor canción original por su tema "Things Have Changed" incluida en la película "The Wonder Boys".
-Fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Comandante de las Artes y las Letras de Francia y el Polar Music Prize de la Real Academia de Música de Suecia.
-En cine, participó de diversas producciones como músico, actor e intérprete.
-Escribió "Tarántula", una novela experimental, en 1971. Dos compendios de letras, el primero de 1985 y el segundo de 2004 ("Lyrics"), reúnen su trabajo poético. En 2004 publicó "Crónicas 1", el primer tomo de sus memorias.
-Dos recientes y aclamados films lo tienen como protagonista: "No Direction Home", documental de Scorsese, de 2005; y "Iïm not there", dirigida por Todd Haynes, de 2007.
-"Modern Times" (2006) rankeó primero en las listas de los EE. UU., algo que Dylan no conseguía en su país desde "Desire", de 1976.
martes, 19 de febrero de 2008
Razones para ir a ver a Bob Dylan, Jaime Almeida

Milenio, blogs, 14 de enero de 2008
Uno de los momentos en que más fuerte he tenido la incómoda sensación que popularmente se conoce como “pena ajena” lo padecí el día primero de marzo de 1991, cuando el notable poeta del rock Bob Dylan se presentó en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México. Esa noche, un gran sector del público asistente al concierto —completamente ignorante de la importancia y trascendencia de Dylan— lo recibió fríamente y casi lo sacó del escenario entre abucheos, gritos y burlas. Fue algo muy triste y vergonzoso. Déjeme que le cuente.
El espectáculo abrió con la actuación del grupo chicano Los Lobos, que había alcanzado gran notoriedad después de que, en 1987, con la grabación de un cover de “La Bamba”, se colocó entre los primeros lugares de popularidad y participó en la película biográfica del guitarrista y cantante Ritchie Valens. El quinteto angelino desarrolló su set de forma magistral, interpretando temas que fusionaban el rock con el blues, el tex-mex, el country y un soul latino lleno de originalidad. El público del Palacio estaba feliz, dejándose llevar por el ritmo y la gran sonoridad de la banda.
Cuando Los Lobos terminaron su actuación las luces del escenario se apagaron. De pronto, sin previo aviso, apareció la delgada figura de Bob Dylan iluminada por un faro buscador. Vestido de negro, luciendo un curioso sombrerito, portando una guitarra, el más legendario compositor del folk rock empezó a cantar. Con esa extraña voz que le caracteriza, Bob entonó su composición “Maggie’s Farm”, un himno para toda persona sensible que de pronto se encuentra conviviendo al lado de gente profundamente rara y tiene la sensatez de alejarse. De inmediato, el estado de ánimo que se sentía en Palacio de los Deportes se transformó, pasando de la euforia al desconcierto. Las frases de la canción en inglés, farfulladas entre dientes, resultaron demasiado áridas para el público que puso cara de what? A partir de ahí las cosas fueron de peor en pésimo, hasta que el legendario compositor y su banda se cansaron de estar aguantando chiflidos, mentadas e insultos.
Han pasado ya diecisiete años desde aquella primera visita de Dylan a nuestro país. Yo pensé que después de esa triste experiencia Bob nunca desearía volver a cantar ante nosotros. Pero me equivoqué, y en unas cuantas semanas más el legendario artista estará otra vez aquí para presentarse ante una nueva generación que, tal vez, sabrá apreciar más su estilo y su arte.
Dylan no es un artista que puede ser comprendido a las primeras de cambio. Uno tiene que sumergirse en su cosmovisión y apreciar cómo ésta se proyecta para incluir las más diversas expresiones musicales estadunidenses, desde el swing y las baladas folklóricas hasta el blues y el country. Pero lo más importante de su obra está en sus letras: un acervo que, en su conjunto, ha sido considerado como una de las aportaciones más ricas al arte de la poesía universal de las últimas décadas. Es por esa genial capacidad para ser “austero en las formas y profundo en los mensajes” que Dylan ha sido nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura, y el 13 de junio de 2007 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. En esa ocasión, el presidente del jurado, José Lladó, señaló que Dylan conjuga “la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas”. Su obra, añadió, es “fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos”.
Así, debe comprenderse que los conciertos de Bob Dylan son una experiencia en la que el valor de la palabra adquiere una importancia fundamental. Las personas que asisten a ellos con la expectativa de presenciar un espectáculo lleno de colorido, virtuosismo instrumental o parafernalia escénica, sin saber que es una fiesta del intelecto y la razón, casi siempre salen frustradas.
Entonces, ¿por qué debería uno gastarse una buena lana para ir a ver a Bob Dylan en vivo, aun cuando es difícil entenderle lo que canta?
Porque todavía tiene una gran vitalidad y sorpresivamente se muestra más humano que nunca. Entre los pocos gigantes de su generación que todavía están grabando y haciendo conciertos, sólo Neil Young y Bruce Springsteen se le acercan en su determinación artística y en su resistencia para andar en giras. Ni siquiera David Bowie ha logrado conservar una mística comparable. Paul McCartney, Elton John, Lou Reed, Stevie Wonder, Eric Clapton, Fleetwood Mac, lo que queda de los Who, Pink Floyd, y hasta Rod Stewart son, en el mejor de los casos, profesionales; y en el peor, son simples vendedores de la nostalgia muy bien pagados. Siempre da gusto cuando Paul o Elton nos sorprenden con alguna chispa de inspiración creativa porque sus carreras se han ido aletargando con el paso de los años. Pero Dylan es otra cosa: se toma su tiempo para armar una nueva obra maestra multidimensional y nos deja maravillados al pensar cómo puede hacerlo, manteniendo siempre un nivel tan elevado.
Mientras que los temas de Pete Townshend sirven para presentar los episodios de “CSI” y Slash hace comerciales para automóviles, Dylan entra a iTunes en modo de vaquero sombrío cantando “Thunder on the mountain” como algo moderno, poco usual y abriendo nueva brecha. También, Bob ha estado muy activo en la publicación de Chronicles, su autobiografía, en la que dice mucho más de lo que antes se sabía de él.
Además, su excéntrico programa de radio titulado Theme Time Radio Hour, que se transmite por el sistema satelital XM, fue uno de los más aclamados durante el año pasado. La emisión le ha dado la oportunidad de explorar una inesperada variedad de temas y ha sido un medio para que su personalidad —tradicionalmente íntima y reservada— pueda abrirse un poco a través de recuerdos personales y la transmisión de música llena de connotaciones culturales y sociales.
Y a todo hay que sumarle la composición de algunas de las canciones más emotivas, perceptivas y chistosas que ha escrito en su carrera, dando la impresión de que el artista se ha apropiado del corazón de un joven de 25 años de edad.
Porque todavía puede cantar, pero ¿por cuánto tiempo? No voy a negar que, en muchas ocasiones, he opinado que, en sus actuaciones en vivo, Dylan canta de forma ininteligible, ya sea susurrando las palabras, arrastrándolas o apurándolas al grado de que se hacen indescifrables y, lo que es peor, carentes de sentido. Una vez, cuando expresé esa opinión en un programa de radio, me reprendió un radioescucha diciéndome: “Aquellos que no entienden lo que dice Dylan son los que compraron malos lugares, los que han bebido demasiado, los que no conocen las canciones o los que están distraídos”. Puede ser, pero yo creo que al público le gusta oír lo que ya conoce, lo cual es algo que casi nunca se obtiene en los conciertos de Dylan, aun cuando uno pueda saberse las canciones por delante y por atrás.
Y yo agregaría que cuenta mucho el lugar donde se lleva a cabo un concierto. Tal vez ahora, en el Auditorio Nacional, las cosas suenen bien porque “el Palacio de los rebotes”, que es un sitio terrible para escuchar a cualquier artista, fue ruinoso para Bob en 1991. Pero la verdad es que cuando se pone atención a las palabras de Dylan, él tiende a recompensar muy bien, sorprendiendo con algún giro inesperado o alterando la letra de una canción conocida para imprimirle un nuevo significado. Es más, al ir a ver en vivo al legendario artista hay que otorgarle el beneficio de la duda: si no se le entiende, debe haber una buena razón para que él mismo lo haga tan difícil.
Además, él nunca ha sido candidato para algún panteón de cantantes poderosos, aunque por su estilo —único e influyente— bien merecería ese honor. Lo que yo me pregunto es ¿cuánto tiempo más le durará su oxidado instrumento vocal? En su más reciente producción, Modern Times, su voz se escucha más nebulosa y nasal que nunca, pero Dylan afirma que no tiene intenciones de retirarse pronto. Yo pienso que el artista morirá sobre el escenario. Pero siempre existe la posibilidad de que un día de estos simplemente ya no podrá cantar. Como en el caso de cualquier otra leyenda del rock que ya pasa de los cincuenta años, cada concierto podría ser el último.
Porque los boletos para irlo a ver no son tan caros. De hecho, Dylan es uno de los artistas legendarios que cobra cantidades moderadas para que un público más amplio pueda verlo. Y eso es una buena noticia, no sólo para los fans del poeta sino también para los padres de familia que quieren llevar a sus hijos a que conozcan a uno de los grandes de todos los tiempos. Darles la posibilidad de poder decir que una vez escucharon temas como “Like a Rolling Stone”, “Blowin’ in the Wind”, “All Along the Watchtower”, “Mr. Tambourine Man”, “The Times They Are a-Changin”, “Lay Lady Lay”, “Just Like a Woman” o “It Ain’t me, Babe”, cantados en vivo por el mismo autor, es algo que debe considerarse.
Porque su influencia en la música popular es incalculable. Como compositor, Dylan ha sido pionero de distintas escuelas de composición en la música pop, desde el estilo del cantautor confesional hasta las narrativas alucinantes del fluir inconsciente. Como vocalista, él derribó la noción de que, para aparecer en escena, el cantante debía tener una voz convencionalmente buena, redefiniendo así el papel del intérprete en la música popular. Como músico, detonó el surgimiento de varios géneros del pop, incluyendo el folk-rock electrificado y el country-rock. Y esto es sólo una mínima parte del caudal de sus logros. La fuerza de Dylan se hizo evidente durante los años sesenta, época en la que estuvo en la cima de la popularidad —el viraje de Los Beatles hacia la composición introspectiva nunca se habría producido sin él— pero su influencia ha tenido eco a lo largo de varias generaciones subsecuentes.
Muchas de sus canciones se han consagrado como clásicos ya estándares, y sus mejores álbumes son modelos indiscutibles del canon rocanrolero. La influencia de Dylan en la música folklórica de su país tuvo igual fuerza, siendo pivote de cambios durante su evolución en el siglo veinte, cuando el género se alejó de las canciones tradicionales para orientarse hacia la perspectiva personal. Incluso durante los ochenta y noventa, cuando las ventas de sus discos declinaron, la presencia de este genial artista ha sido cuantiosa.
Porque logró el perdón para la “música del demonio”. Durante más de cuarenta años, el rock fue criticado y repudiado por la Iglesia, pero el 28 de septiembre de 1997, en Bolonia, Italia, Bob Dylan cantó ante el Papa Juan Pablo II cerrando con ello una página negra en la historia de la música popular.
En el Congreso Eucarístico Nacional de Italia, el Papa escuchó la canción de Dylan “Blowin’ in the Wind”. Una de las estrofas de esta canción pregunta “cuántos caminos debe andar un hombre antes de convertirse en un hombre”. Juan Pablo II llegó incluso a parafrasear la canción, diciendo: “Ese camino es el de Cristo, quien afirmó: yo soy el Camino y la Vida. Las cuestiones de vuestra vida están soplando en el viento… Pero en el viento que sopla y en la voz del espíritu, y no en el viento que todo lo dispersa en los torbellinos en la nada”.
Luego apareció Bob. La ovación más amplia y sentida de la noche se la llevó él, todo vestido de negro y con sombrero tejano. Después de cantar dos temas, se quitó el sombrero y besó el anillo del Pontífice. Su guitarra y su voz conquistaron a las 400 mil personas presentes, muchas de las cuales antes se negaban a escucharle. Esa noche, con Bob Dylan como testigo, entre las nubes negras del pasado entró la luz del perdón para el rock a través de la sonrisa de Juan Pablo II.
Sí, Bob Dylan vuelve a México. Ojalá esta vez se encuentre con un público más sensible, el público que merece su categoría y su importancia, porque, como dijo Bruce Springsteen: “En nuestro tiempo, en cualquier gran música de rock que se hace hay siempre una sombra de Bob Dylan.
Jaime Almeida/ Foto: AP
Comentarios
ANDREA
TAMBIÉN VUELVE A LA ARGENTINA Y PARA LOS QUE AMAMOS SU POESÍA Y SU VOZ AGRIETADA ES UN PLACER INDESCRIPTIBLE.ESPEREMOS QUE NO DEMORE TANTO PARA VOLVER A LATINOAMÉRICA.A DISFRUTAR DEL GRAN MAESTRO!!!
Publicado 14 de Enero 14:07 hrs -->-->
Leopoldo Cervantes-Ortiz
Antes que nada, la sorpresa porque Almeida escribe, y bien, acerca de alguien como Dylan, el mas grande poeta del rock. Luego, expresar la alegría por este regreso que hace tiempo se veía difícil. Acaso la música de Dylan traspasa los gustos generacionales, siempre y cuando los oyentes estén dispuestos, como bien subraya Almeida, a apostar por la letra, por la poesía, además de que la propuesta musical no es nada despreciable. Versos tan concentrados como: “Time is an ocean, but it ends at the shore” (El tiempo es un océano pero termina en la playa”, del álbum Desire (1975) o su crítica a los “Señores de la guerra” en una canción que es hoy más vigente que nunca, merecen ser disfrutados y valorados en su justa dimensión por los mantes de la buena música contenporánea. Sus provaciones más recientes, como “Dignity” o “Things have changed”, así como sus devaneos religiosos de los años ochenta, entre tantos giros inesperados y renovadores, lo han mostrado en una plenitud creativa de la cual muy pocos artistas pueden vanagloriarse. De modo que el encuentro para muchos seguidores que no lo hemos visto en vivo jamás será una gran experiencia, pues valoraremos qué tanto coincide el repertorio propio (con las nuevas canciones de Modern times) con el que vive en la memoria, en mi caso, de más de 25 años de escucharlo sin cansancio. (Gracias, Jaime.)
Publicado 14 de Enero 16:57 hrs -->-->
Antes que nada, la sorpresa porque Almeida escribe, y bien, acerca de alguien como Dylan, el mas grande poeta del rock. Luego, expresar la alegría por este regreso que hace tiempo se veía difícil. Acaso la música de Dylan traspasa los gustos generacionales, siempre y cuando los oyentes estén dispuestos, como bien subraya Almeida, a apostar por la letra, por la poesía, además de que la propuesta musical no es nada despreciable. Versos tan concentrados como: “Time is an ocean, but it ends at the shore” (El tiempo es un océano pero termina en la playa”, del álbum Desire (1975) o su crítica a los “Señores de la guerra” en una canción que es hoy más vigente que nunca, merecen ser disfrutados y valorados en su justa dimensión por los mantes de la buena música contenporánea. Sus provaciones más recientes, como “Dignity” o “Things have changed”, así como sus devaneos religiosos de los años ochenta, entre tantos giros inesperados y renovadores, lo han mostrado en una plenitud creativa de la cual muy pocos artistas pueden vanagloriarse. De modo que el encuentro para muchos seguidores que no lo hemos visto en vivo jamás será una gran experiencia, pues valoraremos qué tanto coincide el repertorio propio (con las nuevas canciones de Modern times) con el que vive en la memoria, en mi caso, de más de 25 años de escucharlo sin cansancio. (Gracias, Jaime.)
Publicado 14 de Enero 16:57 hrs -->-->
Gonzalo Bustillo
De pena ajena, efectivamente. Yo estuve en el concierto al que Jaime hace referencia en el ya lejano 1991. Lo disfrute abstrayendome de la ofensiva rechifla. No entendía por qué no se callaban y disfrutaban de esta leyenda del rock. Fue una noche conflictiva, pero deliciosa. La imagen de Dylan no se olvidará nunca, en aquel Palacio de los deportes semivacío, en donde tuve oportunidad junto con mi chava de brincar de los lugares altos para llegar a acercarme lo más posible al maestro. Ojalá pueda estar nuevamente en el concierto, pero el recuerdo de aquella noche no me dejará nunca. Lo disfruté, a pesar de todo.
Publicado 15 de Enero 10:01 hrs.
De pena ajena, efectivamente. Yo estuve en el concierto al que Jaime hace referencia en el ya lejano 1991. Lo disfrute abstrayendome de la ofensiva rechifla. No entendía por qué no se callaban y disfrutaban de esta leyenda del rock. Fue una noche conflictiva, pero deliciosa. La imagen de Dylan no se olvidará nunca, en aquel Palacio de los deportes semivacío, en donde tuve oportunidad junto con mi chava de brincar de los lugares altos para llegar a acercarme lo más posible al maestro. Ojalá pueda estar nuevamente en el concierto, pero el recuerdo de aquella noche no me dejará nunca. Lo disfruté, a pesar de todo.
Publicado 15 de Enero 10:01 hrs.
Alejandro Goodman Ostrovs
Ojalá sirva este evento para difundir la cultura musical, el desarrollo de los generos musicales asociados con la musica de los 60, 70, 80 y 90 en México.Me gustaría saber qué ha pasado con el comunicador Humberto Cantú, quien de pronto desaparació en sus transmisiones del radio. Era muy interesante la forma en que difundía la música, principalemente el rock and roll, con interacción directa con el público (pueblo). Si alguien me dice en donde puedo escucharlo se lo agradeceré.
Publicado 15 de Enero 13:56 hrs.
Ojalá sirva este evento para difundir la cultura musical, el desarrollo de los generos musicales asociados con la musica de los 60, 70, 80 y 90 en México.Me gustaría saber qué ha pasado con el comunicador Humberto Cantú, quien de pronto desaparació en sus transmisiones del radio. Era muy interesante la forma en que difundía la música, principalemente el rock and roll, con interacción directa con el público (pueblo). Si alguien me dice en donde puedo escucharlo se lo agradeceré.
Publicado 15 de Enero 13:56 hrs.
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